Piel sana cerebro sano
Destacados
- •El envejecimiento de la piel afecta el envejecimiento cerebral a través de vías neuroendocrinas e inflamatorias.
- •El cortisol y la dopamina inducidos por los rayos UV perjudican la neurogénesis y la cognición.
- •El BDNF de la piel inferior reduce el BDNF sistémico y afecta a la función cerebral.
- •Los protectores solares y las cremas hidratantes reducen la inflamación sistémica y apoyan la salud del cerebro.
- •Los extractos de tomate y limón aumentan el BDNF de la piel, ofreciendo neuroprotección.
Abstracto
El envejecimiento de la piel se extiende más allá de las preocupaciones estéticas y es cada vez más reconocido como un contribuyente clave al envejecimiento cerebral a través de mecanismos neuroendocrinos, inflamatorios y neuroquímicos. Tradicionalmente considerada como una barrera periférica, la piel ahora se reconoce como un órgano neuroendocrino capaz de comunicarse con el sistema nervioso central (SNC) a través de la secreción de hormonas, la señalización de citoquinas y la modulación de neurotransmisores. La literatura reciente ha comenzado a formalizar el concepto del eje piel-cerebro como un sistema de comunicación bidireccional, particularmente dentro de los contextos de la psicodermatología y la neuroinmunología. Esta revisión destaca cómo los factores extrínsecos como la radiación ultravioleta (UV) y el envejecimiento intrínseco interrumpen la homeostasis de la piel y desencadenan efectos sistémicos en las funciones cerebrales. La exposición crónica a los rayos UV activa el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal cutáneo (HPA) y aumenta los niveles sistémicos de cortisol, perjudicando la neurogénesis del hipocampo y la función cognitiva. Las alteraciones inducidas por los rayos UV en los neurotransmisores, incluidos el glutamato, la dopamina y las β-endorfinas, afectan el aprendizaje, la memoria y la regulación de las emociones. Es importante destacar que tanto el fotoenvejecimiento como el envejecimiento natural de la piel están asociados con una síntesis reducida de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) en la piel, lo que podría disminuir la disponibilidad sistémica de BDNF y contribuir al deterioro cognitivo. Estudios recientes exploraron los efectos protectores del protector solar y las cremas hidratantes para mitigar la inflamación cutánea y reducir el riesgo neurodegenerativo. Además, las intervenciones tópicas o dietéticas, como los polifenoles derivados de plantas, pueden restaurar los niveles de BDNF de la piel y mejorar la resiliencia de la piel y el cerebro. Colectivamente, estos hallazgos apoyan un cambio de paradigma: preservar la salud de la piel no es solo un objetivo dermatológico, sino también una estrategia prometedora para mitigar el envejecimiento cerebral y promover la resiliencia cognitiva.
